Obras

Piscina Arzúa y Laracha

Las piscinas cubiertas en Laracha y Arzúa son un objeto duro en un paisaje blando. Su dureza es la que corresponde al material de su base, el hormigón.

Es la del límite preciso, un rectángulo que revela en su planta una relación sesquiálteral.

Es la de una geometría sin concesiones a la naturaleza húmeda de Galicia que tiende a borrar los límites envolviéndolos con una suavidad implacable.

El hormigón brut corbuseriano se muestra aquí extraordinariamente dócil y domesticado. Hormigón ‘culto’, cultivado según un orden constructivo preciso pendiente del resultado. Las juntas, las esquinas no son el límite sino que originan el desarrollo de los planos. Las huellas del encofrado se prolongan en las puertas menores, ocultando la discontinuidad con las mismas tablas, reutilizadas. La continuidad de las superficies admite rasgaduras o roturas potentes, no intermedias.

La poderosa presencia de esta pieza dura resulta consecuencia de su forma y su textura, protegida ésta para ser independiente incluso de la humedad y hasta del tiempo. De su materia pétrea, sin embargo tan delgada, nada gruesa. La dureza deriva de la precisión.

II. La precisión.

Tiene la de un mecanismo, resultado de piezas que se ajustan sin resquicios. Que se entienden sin conjeturas. Que relacionan vacíos intermedios por ellas ajustados. Su ‘justeza’ se deriva de las piezas precisas (vestuarios, servicios…).

Servidores y sirvientes obedecen a un orden no preestablecido, sino necesario, surgido de la dimensión adecuada, cuyo origen técnico se visualiza en la evidente estructura resistente, modulada, sin embargo, por las piezas normalizadas del cierre. Así, desde una norma dada, externa, se modula un espacio que se articula con la estructura, se ajusta con las piezas de precisión que liberan un ‘resto’, coherente con ellas. La de una geometría que se adivina, como latente. La cualidad del rectángulo

sesquiáltero se puede perseguir en la excelente planta en la que las piezas ‘llenas’ y estrechas modulan las distancias de los ‘vacíos’, que se dimensionan ‘casi’ automáticamente hasta controlar el conjunto. La redundancia de piezas dentro de piezas, claramente encajadas, prosigue aquellos ejercicios de las casas con patios con que Mies jugó durante tanto tiempo como un maestro de la proporción y de la medida percibidas.

III. La ligereza.

Lo preciso permite aligerar la estructura hasta hacer evidente su vocación de ensamblaje, dimensionada según los gálibos permitidos en su transporte. Montada como un mecano sobre su base, transmite el efecto de la ligereza haciendo conceptualmente necesario el ‘poderoso’ zócalo de hormigón que la sujeta. La caja superior carece de peso ‘visual’ y permite aceptar un apoyo tan leve. La ligereza no está sólo ligada a la caja sujeta por el zócalo. La oposición de materiales, madera sobre hormigón, más ligera la caja cuanto más firme su base, y su tratamiento en finas lamas, ‘levanta’ visualmente las largas horizontales de la caja superior y sujeta la base por contraste. El efecto ‘hacia arriba’ del cuerpo superior y ‘hacia abajo’ del interior, traducen visualmente el proceso

constructivo y de proyecto. En el espacio interior de la piscina, las dos cajas abiertas, la de arriba hacia abajo, la de abajo hacia arriba, proponen un plano virtual especular en la unión del zócalo y la caja, que se evidencia en la sección, con la diagonal establecida por los huecos en los planos opuestos de ambas piezas.

IV. …y la ambigüedad.

La prolongación de los muros guía más allá de sus de sus límites, introduce la duda respecto al dentrofuera, respecto a planos verticales y horizontales. En este juego de equívocos, quizá tan gallego, se utilizan los reflejos del plano del agua en la piscina, los ‘cortes’ de las esquinas, apoyadas de forma casi inverosímil obre placas que prolongan los reflejos del vidrio y los del aire que parece un espejo. Espacios exteriores duplicados hacia el interior, lo de dentro hacia afuera, lo de abajo hacia arriba, relaciones de simetría y de antisimetría. Entrar y salir, confundidos. El extraordinario esfuerzo desarrollado en el tratamiento de las superficies de revestimiento ayuda a una aparente distinción entre firme y ligero. Pero también, y al tiempo, introducen en la percepción el equívoco dentro-fuera. La piel, que pertenece

en origen al exterior, penetra dentro, en un dentro que es fuera, indicando también como posible la lectura en

inverso. La piscina en Laracha podría estar, estará también en otros sitios. Desarrollará, como ahora desarrolla,

un juego sugestivo y deslumbrante de ningún modo casual. Iniciado hace tiempo, es el producto de un trabajo bien planteado y mejor hecho.

Obra: Piscinas cubiertas de Larcaha, Arzúa

Arquitectos: Carlos Quintáns, A. Raya y C. Crespo

Año: 1996-1999

Fotografías: Leopoldo Alonso Lamberti. C. Quintáns